Dos + Dos

Eran un par de piernas hermosas, largas y torneadas, dignas de una diosa griega, dos piernas jóvenes, de piel tersa y con textura de durazno, en definitiva, dos piernas hermosas.

Un par de piernas que invitan a ser tocadas, besadas, apretadas y rasgadas, un par de piernas en las que con gusto moriría asfixiado, con mi cuello entre esas piernas, perdiendo el aire con cada roce de esa piel, perder la cordura con cada bocanada de esa esencia, perderlo todo en medio de ese par de piernas.

Pero no seria tan fácil, no, en estas situaciones  nunca lo es, ese par de piernas, para poseerlas debía de pelearse por ellas, para poder acercárseles se debe desnudarlas, quitar la fina capa que las cubre, una capa de color negro, de encaje seductor, con formas y figuras incitantes a la vista y la imaginación.

Un par de medias de encaje para un par de piernas de carne, carne tan blanca que podría confundirse con mármol, piernas de piedra blanca; medias de encaje negro.

Ambas hermosas.

¿Igualmente hermosas?

La portadora y lo portado.

Una sin la otra.
 ¿Tendrían la misma hermosura?


-Marius Von Cheshire  


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