Julieta y Romeo.




Los rumores terminaron por convencer a la desconfiada de Julieta, si tanta gente lo decía, debía ser verdad.

Pero eso no era suficiente.
Por eso ella fue personalmente a comprobarlo.

Y lo comprobó.

Romeo la engañaba.
Lo hacia con cuanta mujer se le pusiese enfrente; a pesar de que Romeo le prometió amor eterno y fidelidad.

Romeo le era infiel.

Los sentimientos de Julieta eran muchos.

Odio, coraje, desesperación, tristeza, decepción.
Y muchos más.

Pero solo uno la dominaba.

Venganza.

Esta noche Romeo pagaría por su insulto.

Esa noche Julieta cocino algo especial, uso la vajilla de porcelana, vistió su vestido mas elegante y su ropa interior mas sexi.

Su hermosura volvía a ser la misma que en su juventud.

Romeo llego a la misma hora de siempre.

Saludo a Julieta con un frio beso en la mejilla y se sentaron a cenar.
No noto la vestimenta especial de Julieta.
No hasta que fue demasiado tarde.

Julieta sirvió una copa del vino favorito de Romeo.

Romeo no pudo distinguir ese extraño sabor.
Un sabor que no pertenecía al vino.
Un sabor que lo llevo a la inconciencia.

Al despertar, Romeo noto su inmovilidad.
Estaba sujeto a una silla, sujeto a ella; de manos y piernas, sujeto con cinta adhesiva.

Julieta estaba frente a él.
Sonriendo.

           Solo te lo preguntare una vez.
¿Me engañas con alguna otra mujer?

Esas fueron las únicas palabras que dijo Julieta.
No necesitaba realmente una respuesta.
Solo esperaba algo de sinceridad de parte de Romeo.

Romeo no fue sincero.

La venganza seria salvaje.
Sin dudas ni titubeos.

Un viejo cuchillo oxidado fue el arma perfecta.
Julieta corto la mano derecha de Romeo.

No la corto de un solo golpe.
El cuchillo estaba oxidado y casi sin filo.
Julieta tomo su tiempo.
Lento y doloroso.

Y justo como Julieta lo esperaba.
Los gritos de perdón y sufrimiento de Romeo fueron el mejor afrodisiaco.

Julieta tenía la mano cercenada de su amado en sus manos.

Recupero lo que era suyo.

La herida de Romeo sangraba como si de una fuente se tratara.
Sin embargo, aun no moriría.
Romeo debía ver lo que Julieta haría a continuación.

Julieta comenzó a lamber uno a uno los dedos de la mano cercenada de Romeo, los chupo despacio, saboreando la sangre que en ellos quedaba.

Julieta comenzó a retirar una a una sus prendas, con un ritmo lento, dejando que Romeo disfrutara de su cuerpo por última vez, aunque solo fuera con su vista.

Julieta deslizaba la mano cercenada de Romeo por todo su cuerpo, lentamente, sintiendo su frio contacto con toda su piel, dejando rastros sangrientos por todas sus prendas.

Muy pronto Julieta quedo en ropa interior.
Un fino conjunto.
Encaje negro y un ligero blanco.

Ambos manchados por igual.
Pero lo mejor vino cuando Julieta quedo completamente desnuda.

Los dedos muertos recorrieron los senos de Julieta.
Tocaron lentamente los pezones erectos.
Recorrió su aureola con movimientos circulares, lentos.
Si la mano estuviera viva hubiera apretado el par de pechos de Julieta.
Habría pellizcado sus pequeños pezones erectos.

Pero la mano estaba muerta.
Casi como el dueño.
Pero no aun, sus ojos estaban completamente atentos de la escena que Julieta le brindaba.

La mano muerta comenzó a bajar lentamente por el cuerpo cada vez mas vivo de Julieta.
Su frio contacto provocaba cada vez mas placer a Julieta.

Y ahora ya no podía detenerse.

Se tumbo sobre la alfombra, abrió de par en par sus piernas y deslizo lentamente la mano muerta entre ellas.
Los dedos fríos y muertos, duros como piedra.

Los froto con ferocidad, con una perversa satisfacción, Romeo seguía observando, su mirada estaba inmóvil.

Julieta se masturbaba con la mano muerta de su amante.
Introducía los dedos fríos en su vagina, cada vez más húmeda, cada vez mas caliente.
Frotaba su clítoris con fuerza, con los dedos, con la palma de la mano, con el pedazo de hueso que sobresalía del corte realizado.

Tan fuerte que muy pronto comenzó a sangrar.
Su sangre se mesclo con la de su amante moribundo.
Siendo unos nuevamente.

El clímax de Julieta estaba próximo.
La muerte de Romeo sucedería en pocos minutos.

Julieta cambio la posición de los dedos fríos, los movió y junto, causando un crujido mortal con cada movimiento, los dedos estaban tiesos.
Casi como piedra.

Formo una palma, estirando cada uno de los dedos y juntándolos lo más posible.
Todo eso para poder experimentar un placer mayor.

Introdujo toda la mano en su vagina.
Completamente toda, solo dejo fuera la parte de la muñeca donde se veía el hueso.

No lo hiso de forma lenta.
De un solo movimiento veloz.
Introdujo toda la mano de forma bestial, con un solo movimiento, rasgando sus entrañas.

Esto le dio el clímax final.
Toda la mano de su amante en su interior.

Moviéndola salvajemente, adentro y afuera, izquierda y derecha.

La mano muerta de Romeo funciono mejor que ningún pene vivo.

Julieta fue llevada al paraíso.
Se sintió nuevamente viva.

Caso contrario de Romeo.
Murió con una expresión indecible de horror en su rostro.

Justo lo que Julieta quería.
Para Romeo la diversión había terminado.

Pero para Julieta aun continuaba.
Después de todo.

Romeo aun tenía otra mano.
Tan fría y muerta como Romeo.
Esta seria una larga noche para Julieta.

¿Que mejor venganza que el placer sin  restricción?




-Marius Von Cheshire



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