Mad hatter.




Lo único que  recuerdo de ella es su sombrero, solo su sombrero; no recuerdo el color de su ropa, ni siquiera si traía puesto un par de pantalones o una falda.

No lo recuerdo.
Lo único que recuerdo es su sombrero.

Eso y su hermoso rostro.

Podría decir que tampoco recuerdo su nombre, pero eso seria mentir, ya que no se lo pregunte.

Su sombrero.

Un sombrero de copa, color negro, un tanto grande para su pequeño cráneo, pero de algún modo no desentonaba con su cuerpo.

Como dije, no recuerdo el tipo de ropa que tenia puesta, pero estoy casi seguro que se trataba de algún traje sastre, eso parecía ser lo más conveniente.

De acuerdo, el sombrero no era lo mas sorprendente, claro que jugaba una parte clave en mi interés hacia ella, pero aparte del sombrero había otra cosa que completaba la imagen.

10/6.

Una pequeña etiqueta color rojo, con números negros en la etiqueta: 10/6.

Ambos estábamos en un café, pasando el tiempo que teníamos libre.

La joven se encontraba a dos mesas de distancia de la mía, ambos nos encontrábamos solos, yo no esperaba a nadie; si ella esperaba a alguna persona no lo sabia; pero eso no me importo.

Me dirigí a su mesa a grandes pasos, no quería ser una molestia pero en ese momento no me importo; al llegar a su mesa note que su taza estaba vacía,  eso fue un buen pretexto para hablarle.

Le ofrecí una nueva taza, de café o te, no sabia con seguridad que estaba tomando, trate de moderar mi tono, no quería sonar como alguien tratando de flirtear con ella.

En realidad ni yo mismo sabía que quería de ella.

Ella me recibió con una sonrisa amistosa, al parecer no pensaba que yo fuera alguien raro, a pesar de ser un completo extraño.
Me ofreció el asiento vacío frente a ella; pregunto mi nombre y yo respondí.

Lo único que yo pregunte fue si quería una nueva taza de lo que tomaba.

Ella movió su cabeza en señal de afirmación, una taza de te negro, eso fue lo que ella pidió.

¿De que podían hablar dos completos extraños?

Tal vez de la razón que los llevo a hablarse.

Lo mas fácil para mi habría sido preguntarle por su sombrero.
Pero no lo hice.
Ni siquiera cruzo por mi mente.

Yo sabia todo lo que se puede saber acerca de ese sombrero.
No había nada nuevo que saber acerca de él.

Charlamos por al menos 30 minutos, charlamos de todo tipo de tópicos, desde el clima hasta nuestro lugar de residencia.

Como un par de viejos amigos que se encontraban después de un tiempo sin verse.

Y todo termino tan rápido.

Yo tenía que irme, ya había gastado mucho tiempo en el café y por mucho que quisiera seguir charlando, me era imposible.

Me despedí amablemente y me disculpe por mi intromisión, ella no parecía molesta.
Me levante y page mi cuenta.

Lo último que le dije fue simple.
Dos preguntas

¿Crees que estoy loco?

Por supuesto.
Esa fue su respuesta.

¿Te encontrare aquí mañana?

Su sonrisa.
Su sonrisa por respuesta.

-marius von cheshire




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