Hace 67 años la primera bomba atómica era arrojada sobre la ciudad de Hiroshima.

Lo cual dio casi por terminada la segunda guerra mundial.

No sin antes acabar instantáneamente con 80 mil personas y 60 mil después.

La guerra no es un juego.
Muchos darían todo por que así fuera.

Para que la guerra solo estuviera dentro de los videojuegos, dentro de novelas de ficción e historia.

Pero no es así.

La guerra daña a todos, civiles inocentes y familias enteras.

La guerra no es un juego.








Llegue a casa unas cuantas horas después del amanecer, el sol comenzaba a calentar el ambiente, pero nada excesivo aun.
Al llegar me di cuenta de que mi pequeña invitada se encontraba despierta, a pesar de ser muy temprano.

Elle se encontraba preparando de comer, algo extraño, ya que yo no tenía ningún tipo de comida en casa.

-       Buenos días, veo que te las arreglaste para conseguir comida y ropa nueva.

La capa del día anterior estaba sobre la cama, Elle ahora usaba una simple camiseta de algodón y una falda de mezclilla, el misterio de donde las obtuvo se aclararía pronto.

-       No salí de casa, si eso es lo que te preocupa; lo siento, debí esperar a que volvieras, use un pequeño truco, alguien me entrego esto, pero no lo recordara.

Elle dejo lo que estaba haciendo y me miro a la cara mientras se disculpaba, siempre que se dirigía a mi me miraba directamente a los ojos.
Nunca desviaba la mirada.

-       ¿usaste tu magia para conseguir la ropa y la comida?

No contesto, solo se encogió de hombros y movió su pequeña cabeza en señal de asentimiento.
Su cabello rizado se movió lentamente.

-       Muy bien, no importa ahora, termina de preparar tu comida, tenemos que hablar una vez que termines.

Sonrió.

No estaba totalmente seguro de lo que vendría ahora, hasta hace unas semanas mi vida tan solo era una continua búsqueda de diversión, encontrar algo con lo que distraerme.
Desafortunadamente, todas las distracciones duraban muy poco.

Pero el camino que me espera ahora es más prometedor, todo lo que hare no será por altruismo, obtendré mucho más de lo que podría desear.

Elle se sentó a comer, no sé que había preparado y no me interesaba, pero ella parecía disfrutarlo, de beber solo tomo un baso de agua simple.
Verla comer me relajo.
Y me recordó que tan diferente soy de todos los demás.

Deje que Elle terminara de comer a gusto, había algunas cosas que debía recoger de la casa.

Empaque todo lo necesario, todo lo que podría necesitar, y debo decir que no eran muchas cosas.
Solo un par de camisas, unos zapatos, algo de dinero y un par de regalos para Elle.

Y por supuesto, el pequeño paquete que recibí de Salmérie.
No podía olvidarlo.

Elle entro en la habitación, yo había terminado de guardar todo, pero ella aun no sabia que partiríamos.

-       ¿Viajaremos?

Me senté sobre la cama, era momento de tener otra pequeña charla.

-       Así es, aun no se nada de ti, aun no sé que es lo que tú deseas, pero creo que por el momento, debemos hacer lo que yo crea correcto.

-       ¿Piensas que alguien nos persiga? El hombre que me compro es alguien muy poderoso, no creo que se quede de brazos cruzados, hará todo lo que pueda para poseerme de nuevo.

Claramente ella sabía mucho más de su captor de lo que aparentaba, pero por el momento no era importante.

-       No debes preocuparte por eso, no soy alguien fácil de encontrar y mucho menos soy alguien fácil de enfrentar, si se cruzan en mi camino, los destrozare como lo hizo con los estúpidos del bar.

Sonrió, esa sonrisa inocente, en señal de agradecimiento.

-       ¿A donde iremos?
-       Bueno, tengo en mente algunas paradas obligatorias, en todo caso debo preguntarte, ¿que piensas hacer con tu habilidad? Sientes deseos de cultivarla o deshacerte de ella.

No dudo ni un segundo, su respuesta fue clara y firme.

-       Deseo aprender, yo sé que tú me guiaras, confió en ti.

Bueno, ahora estamos hablando.

-       Muy bien, es hora de partir, tenemos un gran viaje por delante, debemos visitar a mucha gente.
Gente a la que no le gusta ser molestada.

……..

-       Salmérie, ¿cierto? Eres bastante famosa, pero eso te convirtió en un blanco fácil, un blanco para mi. Si no me dices donde esta legión, te matare.

La casa de Salmérie estaba hecha un desastre, un grupo de hombres la destruyo, Salmérie se volvió descuidada con los años, este seria su ultimo error.

-       ¡No te diré nada, maldito estúpido! Aunque tal vez debería hacerlo, de esa forma legión podría devorar tus entrañas, así veríamos que no eres tan hombre.

El hombre frente a Salmérie sonrió, una sonrisa vacía, malvada, asquerosa.

-       Tu pequeño amigo se llevo algo que me pertenece, yo solo quiero recuperarlo, sabes, pensé que eras una comerciante, ya deberías saber como es el negocio.

-       ¡basura! Yo no trafico con vidas.

-       Oh, tal vez ahora no, pero alguna vez lo hiciste, lo recuerdas ¿no? Pero esta bien, sé que no me dirás nada.

Salmérie, su cara estaba hinchada, amarrada a una silla de madera, maltratada, sangrando, sabia que esto era lo último.
El ultimo momento de su vida.

Una pistola apunto a su cabeza, un revolver con una sola bala.
Su último pensamiento fue claro.
Solo pensó en un nombre.
El nombre del bastardo que le hiso esto

Pero la bala se lo arrebato.

Salmérie murió.

Y ella no seria la única.

- marius von cheshire




La ultima caja de cigarrillos se termino hace dos días, tenia muchas ansias de fumar, pero no tenia planeado salir a comprar una nueva.

Debía conformarme con mi taza de café, que para estos momentos ya era una taza de café helado.
Un café siempre es un café.

La mesa de trabajo estaba llena de papeles, hojas en blanco o ya usadas.
Garabateadas.
Nada de importancia.

Mis musas me habían abandonado.
Hace ya más de dos meses.

Y no parece que quieran regresar.

Tal vez tomaron vacaciones.
Sin siquiera avisarme, sin una nota de despedida, tal vez solo disfrutan un tiempo a solas.

Ellas no me necesitan.
Pero yo si a ellas.

Por el momento tengo a mi taza de café.
Ya no hay cigarrillos.
Pero creo que es mejor así.

El humo del cigarrillo solo me haría llorar.

Y sin nadie para verme, llorar seria un desperdicio.



 -marius von cheshire



Mi boca tenia el sabor amargo que da la bilis mesclada con vomito, como si despertara después de una semana entera de alcohol y excesos.

Pero no tenía tanta suerte, esto no era causado por el alcohol.

Un hijo de puta había acabado con nosotros hace unas cuantas horas, lo subestime y todos pagamos por eso.

¿Dónde estábamos?

Lo ultimo que recuerdo fue la casa abandonada, la carretera vacía, el cielo sin estrellas, negro.

Pero ahora estoy en una habitación.
Tumbada en un colchón mal olientes.

-      ¡Vaya! ¿Así es como agradeces mi ayuda? Insultando el olor de mi hogar.

¡Demonios! Esto no lo esperaba, otro dolor de cabeza acababa de llegar.

-      Legión, ¿que demonios haces aquí?

-      ¡Diablos! Tan desagradecida como siempre, acabo de salvar tu trasero desangrado a la mitad de la nada, el tuyo y el de tus perros falderos.

Maldición, me olvide de Jin.

-      ¿El esta muerto?

-      No, pero pronto lo estará; a menos que tomes una decisión.

-      ¿A que te refieres?

La plática fue interrumpida, una figura pequeña apareció por la puerta, llevaba una larga capucha negra, al parecer de terciopelo.
Una joven, casi una niña.

Su voz era angelical, pero a la vez era la voz de una anciana.

-      El joven Jin ha perdido mucha sangre, deben hacer algo pronto, o morirá por completo.

Ahora lo comprendía.
Pero no estaba segura de poder hacerlo.
No aun.

-      ¿Como están los demás? Marlon y Rómulo.

-      Ellos están bien, por fortuna la pequeña elle es una magnifica enfermera.
Los curo en un santiamén; el verdadero problema es el otro chico.
No creo que tengas la fuerza suficiente para hacerlo, lo mejor seria dejarlo ir.

Legión tenía razón, no estoy segura de poder salvar a Jin, incluso si lo hago, no creo que sea la mejor manera.
Ellos aun no están preparados.

Legión y la pequeña me ayudaron a levantarme, aun estaba muy débil, perdí mucha sangre, pero a pesar de eso, mis heridas estaban completamente cerradas.
Al parecer todo esto lo hizo la pequeña elle.
Cuando esto termine le daré las gracias como se debe.

-      ¿Y a mi no me agradecerás?

Bastardo, siempre metiéndose en lo que no le llaman.

-      Deja de husmear en mi cabeza, o tendré que volver a patear tu huesudo trasero.

-      Jajajaja

Su risa es molesta, como todo en el.

Jin esta sobre un colchón limpio, al parecer nuevo.
Aunque las manchas de sangre ya lo han ensuciado.

Su palidez es mortal, casi igual que la mía.

¡Mierda, como deje que esto pasara!

-      Y bien, ¿que es lo que aras? Lo convertirás o dejaras que muera.

No era una decisión fácil, pero debía tomarla rápidamente.

-      Lo hare.

-      Morirás.

Lo sabia, no tenia la sangre suficiente para convertirlo, pero al menos debía intentarlo, yo los guie a esto.

Dirigí mis afilados colmillos a mi muñeca, dispuesta a abrir una herida nueva, por donde brotara la sangre que le brindaría nueva vida a Jin.

Pero Legión me detuvo.

-      Detente estúpida, usa por un momento la cabeza, no lograras sobrevivir si haces algo tan estúpido, ni tu ni el.

Mi ira exploto.

-      Y que sugieres que haga bastardo, que lo deje morir, de esta forma tan violenta.

 No respondió, solo se quito su saco y se coloco un cigarrillo en su boca, no lo prendió.

-      De hecho, una vez más por esta noche, te ayudare. Dejare que bebas de mi sangre, puedes tomar toda la que desees.

Bastardo.

-      ¿Quieres que muera envenenada? ¿Recuerdas lo que me sucedió la última vez que bebí tu asquerosa sangre?

-      Jajajaja

Su maldita risa.

-      Descuida, tendrás que confiar en mi y en mi pequeña amiga aquí presente, esta noche ella hizo un poco de los trucos que ella maneja; y para tu suerte, por esta noche mi sangre esta limpia. Tan limpia como la sangre de una virgen.

Cruce mi mirada con le de Elle.
Ella me respondió con una sonrisa.
¡Mierda!
No tenía otra alternativa.

Legión extendió su mano, pensé que quería que bebiera de su muñeca o de su brazo, pero el me jalo hacia su cuello.
Era ahí donde él quería que yo bebiera.

Diablos, odie su sangre.

Cuando la bebí fue como si bebiera estiércol, aguas de pantano.
Fue como si me metiera mierda en la boca.

Y lo que vi me aterro.

Desgarre su cuello con impaciencia, la vida de Jin aun seguía en juego.

Bebí y succione tanto como pude.
Y para mi sorpresa, esta vez su sangre sabia normal, incluso tenía un sabor excelente.
Tal como dijo.
Como sangre de una virgen.

Y lo que me sorprendió aun más.
No vi nada.

Me separo de su cuello lentamente.
Era suficiente.
Lo suficiente como para salvar a Jin.

Me acerque a la cama de Jin.
Su cuerpo estaba frio.
Pero aun con vida.

Desgarre mi cuello lentamente.
Me permití sentir el dolor, el filo de la navaja que Legión me brindo.
Frio, mortal.

Legión abrió la boca de Jin.
Yo coloque mi cuello chorreando de sangre sobre su boca.
Ahora era cuestión de Jin.

Si quería vivir debía beber.
Debía beber como nunca antes.

Sangre de mi sangre.

Su lengua comenzó a moverse poco a poco.
Sus labios se cerraron como una almeja sobre mi cuello.
Succionando.
Saboreando.

Abriendo una puerta jamás vista.

Los ojos de Jin se abrieron.
Su vista brillaba.
Como despertar en el paraíso.

Al menos eso es lo que dicen.

Mi despertar fue muy distinto.



-MARIUS VON CHESHIRE





Después de todo este ajetreo necesitaba un poco de alcohol, al igual que unos cuantos minutos a solas.

La caminata por las calles vacías me daría los minutos a solas.

Elle se quedo dormida después de cenar algo, su rostro y su mente no mostraban rastros de cansancio, pero su cuerpo era cosa distinta.

En este lugar estaría segura, nadie podía entrar, nadie podría encontrarla aquí, no importa cuanto trataran ni que métodos usaran.

Elle estaba segura.

Y yo necesitaba un trago y unos cuantos cigarrillos.

Las calles son distintas de madrugada, siempre y cuando sepas donde mirar, puedes encontrar todo lo que se esconde en el día.
Todo.

Y el día de hoy estoy buscando algo especial.

Un lugar al que pocas personas pueden entrar, un lugar muy exclusivo.

Salmérie.
El mercado Salmérie.

Un mercado, un bazar, un lugar donde puedes encontrar de todo y comprarlo.

Pero yo no estaba en este lugar para comprar.

Salmérie era el nombre de su dueña, aquella a la que se le pagaba tributo por cada cosa vendida en su mercado.
Y aquella que te podría conseguir lo inimaginable.

Salmérie no recibe a nadie que no quiera comprar algo, para ella todo es un negocio, y como tal, el tiempo perdido también era dinero perdido.
Y algo más que dinero.

Pero para mi buena suerte, Salmérie era una amiga intima.


-       ¡Que putas deseas!

Tan amable como siempre.

Salmérie siempre ha sido mi tipo de mujer, fuerte y sin temor a decir lo que piensa, piel oscura, cabello largo y tan rizado que me parece irreal.
Su cuerpo es el de una diosa y sus ojos tienen un toque bestial, como el de una pantera en medio de la jungla, observando a su presa.

Toda una mujer.

-       Y bien, ¿Que jodidos quieres?

-       Bueno, antes que nada déjame decirte que estas tan hermosa como siempre; y segundo, vine por algo.

-       Sabes que todo lo que ofrezco es muy caro y por lo que eh escuchado no tienes un buen trabajo desde hace tiempo.

-       ¡Vaya! así que haz estado espiándome, te preocupas tanto por que no encuentre un trabajo fijo.

No respondió, dejo que sus ojos de pantera respondieran.

-       Je, lamento decepcionarte, pero no vine a comprar nada tuyo, vine a recoger algo que me pertenece y te deje a su cuidado.
Pague por adelantado.

-       Ya veo ¿puedo preguntar por qué lo quieres ahora?

-       Claro que puedes, pero no creo que yo pueda responder a eso.

No contesto, permanece analizando mi respuesta, tal vez evaluando la necesidad de usar nuestra vieja amistad para que le diga lo que quiere saber.
Pero al final se contiene.
No seria una buena jugada.

-       Muy bien, hare que lo traigan, ¿gustas un vaso de vodka?

-       ¡Ahora estamos hablando! Diablos, una botella no estaría mal.
Y dime ¿que tal  marcha el negocio?

-       Nada mal, he tenido ciertos pedidos que me mantienen ocupada, algunos grupos planean un poco de diversión, así que acuden a mí.
Pero debo decir que he estado algo aburrida, creo que tomare unas vacaciones.
-       Vaya, eso si que es nuevo, Salmérie tomando vacaciones ¿A donde irías?

-       Bueno, siempre he querido visitar Atenas, creo que esta será una gran oportunidad para hacerlo.

Uno de sus sirvientes nos interrumpió, trajo consigo lo que vine a buscar,  envuelto en el mismo paño de seda en el que lo traje.

-       Bueno, asumo que este asunto quedo saldado, te entrego el paquete que dejaste a mi cuidado, no tiene ningún daño y no fue visto por nadie.

Y así era, como solo Salmérie podría cumplir.
Ahora era momento de partir, después de un poco de alcohol y una charla amistosa, debía poner en marcha mis planes.

-       Salmérie, me gustaría mucho acompañarte en tu viaje a Atenas, tiene mucho que no voy, pero ahora me ausentare por un poco de tiempo, espero que al volver aun podamos ir.

-       Jajajaja, tan divertido como siempre, ¿Cuál es su nombre?

-       Elle.

Sus parpados se cerraron lentamente, los dejo así un momento.

-       ¿Quieres saber que he escuchado de ella?

-       No, la verdad es que no me interesa.

Y era la verdad, todo lo que Elle representaba era para mi un misterio, pero un misterio que yo debía descubrir.

-       Muy bien, solo déjame advertirte, esto es muy grande, tal vez demasiado, incluso para ti.

Se levanto de su sillón y me beso, un beso en la mejilla, un beso que reflejaba preocupación.

-       No tienes de que preocuparte, me se cuidar solo.

La bese de vuelta.

Salmérie, mi tipo de mujer.

-marius von cheshire