Dos lunas.
He pedido un segundo a la rutina,
 y he ocupado ese momento para el final. 
Corro a la gran ventana del alma,
y corro para ver aquel reflejo que se aleja de mí,
más repentinamente dos lunas aparecen de la nada,
aparecen y no entiendo el "por que"
solo espero que brillen por siempre
solo quiero que lloren en mi mente
que se apaguen en mis tristezas ventosas
y que velen por todas las rosas ventajosas
que en un momento se miren una a la otra
y que en ese momento se enamoren con la briza del aura.
Pido que corran por siempre a tu lado
y se aseguren que no me has olvidado,
dos lunas que regresan mi futuro,
dos lunas que adelantan mi pasado
que reflejan lo reído y que difuminan lo llorado,
y sobre todo esas dos lunas que jamás olvidaran…este momento que a la rutina le he tomado.
♪♪Trance poético...♫♫
(Gerard Oregón Raditz)




Día 41


22 de marzo de 2014

Chocolates.

Parte 1

Tomamos todo lo que pudimos llevar con nosotras de la tienda donde nos refugiamos, kimira limpio su katana y la preparo para la batalla, yo contaba con un bat metálico y con un par de berettas 92fs de 9 mm semiautomáticas.

El centro comercial estaba a solo unas calles de distancia, pero el recorrido podría tornarse peligroso con mucha facilidad, las calles casi no tenían sonámbulos, pero si por error tengo que disparar mi arma, las cosas se pondrán muy feas.

Kimira y yo acordamos que lo mejor seria ir por las calles, seria lo mas rápido, discutimos la idea de ir por los techos o por las alcantarillas, pero rápidamente las desechamos, lo mejor seria hacerlo rápido y así seria.

Salimos con la menor cantidad de ruido, los sonámbulos estaban dispersos, eso nos daría mas oportunidad de pasar entre ellos sin ser notadas, aun así debíamos mantenernos calladas.

Las calles eran un desastre, carros destrozados, escombros esparcidos por todas partes, cadáveres malolientes pudriéndose en cada rincón, partes que alguna vez pertenecieron a un cuerpo, sangre seca, muerte.

Y por muy raro que me parezca, la mayoría de este desastre no fue causada por los sonámbulos, todas las cosas regadas en las calles, los autos destrozados, las casas incendiadas y los aparadores de las tiendas no fueron destrozadas por los zombies, todo fue causado por humanos.
Humanos a los cuales la histeria colectiva atrapo, humanos que aprovecharon la oportunidad para saquear todo lo que se encontrara a su alcance, humanos comportándose peor que zombies.

Llegamos en menos de 10 minutos al estacionamiento del centro comercial, no era un camino muy largo por recorrer, aun así, los alrededores se encontraban llenos de sonámbulos, dispersos, pero notablemente en grandes cantidades.

-Lo primero que are al entrar, será encontrar una de esas maquinas de dulces, comprobare que el cristal este entero y entonces lo romperé con el mango de mi espada- kimira sonaba asombrosamente entusiasmada con la idea.

Debí mirarla un poco raro, ya que inmediatamente me contesto sin que le preguntara nada.

-quiero un chocolate.

Me gusto su idea.

Al llegar a las puertas del centro comercial notamos un pequeño inconveniente, las persianas de metal estaban abajo, el abrirlas no seria mucha dificultad, lo difícil seria hacerlo sin provocar un ruido extremo, alertando a todos los sonámbulos de nuestra presencia.

Decidimos darnos un respiro, tomar aire y generar fuerzas, un par de chocolates nos esperaban dentro.

Al acercarnos a la persiana escuchamos algo, algo que no teníamos planeado escuchar.

Una voz masculina nos grito, autoritaria, amenazante.

-¡largo!, si se atreven a tocar la cortina metálica las matare.

La voz provenía del segundo piso, desde una ventana rota, un hombre con un rifle de caza en mano nos apuntaba, dispuesto a matarnos.

-no tiene ningún derecho a corrernos de aquí, abra la cerca metálica o lo aremos nosotras, no tenemos planeado irnos de aquí.

Kimira hablo.

El extraño nos observo unos momentos, evaluándonos, esperando y meditando su siguiente movimiento.

-como gusten.

El disparo del rifle de caza opaco todo rastro de su voz.

La bala no estuvo dirigida a nosotras.


Un auto estacionado comenzó a sonar, la bala acciono la alarma anti robo.

La alarma, sonando en lugar desolado, donde ningún otro sonido competía contra ella.

Ellos la escucharon, todos los zombies a kilómetros de distancia, los derrumbados se levantaron, los que estaban de pie comenzaron a correr, ese sonido los atraía, ellos sabían que encontrarían ahí un gran premio y si llegaban primero les tocaría la mayor parte.

Cientos de zombies.

Y solo dos de nosotras.

Y algo mas que zombies…….

 -Casandra Pleasance Liddell 



En un día como hoy……

Nace en Manchester, el 15 de julio de 1956, Ian kevin Curtis.

Cantante de la legendaria banda de post-punk, Joy Division.

Desde su juventud destaco como un poeta, lector ávido del escritor beatnik, William burrows y j.g. ballard.

Incluso llego a conocer a William burrows y atreviéndose a pedirle un libro de regalo, lo único que recibió a cambio fue un: fuck you kid.

Unidos después de una presentación de the sex pistols, Ian Curtis, Bernard sumner y Peter hook y tiempo después uniéndose como baterista Stephen Morris, su nombre en ese momento fue Warsaw.

Su nombre cambio a joy división, tomado de un prostíbulo nazi en la segunda guerra mundial.

Poseedor de una voz profunda, penetrante, que al combinarse con una música soberbia y letras oscuras, nos transportan a un lugar más allá de este mundo.

Sus letras reflejaban una atmosfera oscura, densa, depresiva, muchas veces achacada a su relación familiar y a su enfermedad epiléptica, todo ello consumía poco a poco el alma de Ian, asta que finalmente decidió terminarlo.

El legado dejado tras su suicidio continua asta nuestros días, músicos de los mas variados géneros continúan escuchando y dejándose influenciar por los demonios de ian, bandas como, the killers, the cure, bauhaus, interpol, editors, y los ultra conocidos u2, así como cientos mas, son influenciados día a día, mientras nuevas generaciones son atraídas por la mítica figura de Ian.

 Los hechos de su vida fueron llevados al cine en la película control, basado en la novela publicada por su esposa.

Ian debe ser recordado por todo lo que logro en vida, y no por la forma en que la abandono.














Día 40

Kimira.

21 de marzo de 2014

Su nombre es kimira.

De nacionalidad japonesa, estudiante de intercambio, es mas baja de estatura que yo, su piel pálida y su cabello extremadamente largo y extremadamente negro, le dan el aspecto de una muñeca.

La deje entrar a mi refugio, traía una katana consigo, al parecer solo utilizaba eso para deshacerse de los sonámbulos, el filo de la hoja era suficiente para dejarlos sin cabeza.

Parecía manejar con experiencia la espada.

Le ofrecí un poco de sopa de lata y un cambio de ropa, la que traía puesta estaba empapada de sangre y suciedad.

-¿llevas mucho tiempo sola?
Mi voz sonaba rara, como si llevara años sin hablar sin nadie.

-desde que todo comenzó, mi familia entera esta en Japón, aquí no tenia a nadie.

Su voz era suave, femenil, hermosa.

-¿ni siquiera un amigo?

-muy pronto comprendí que lo mejor era estar sola, sobre todo si uno de tus amigos es infectado por los zombies.

Sus ojos eran oscuros, pequeños, y liberaban una atmosfera fría, densa, profunda.

Muy pronto comprendí que bajo su hermosa apariencia, se encontraba una mujer mucho mas adulta que yo.

-¿y cuales son tus planes, tienes alguno?
-así es, la idea es ir al centro comercial y sacar todo lo útil que encuentre……

Y ese es el plan de hoy.


  
-Casandra Pleasance Liddell 



El mismo insomnio.

El cuarto hervía de calor, a pesar de estar desnudo, sin cobijo alguno, el calor seguía fastidiándome las noches.

El mismo sueño.


Aunque a estas alturas, estaba considerando seriamente el cambiar la palabra  de sueño, por la de pesadilla, eso y el gran calor que a estado haciendo, la habitación se encontraba a una temperatura no sana para un ser humano, o por lo menos, no sana  para el sueño.



El calor, el insomnio, la incertidumbre; todas esas cosas eran las culpables de que no pueda conciliar el sueño;
¿O era  yo el culpable?

En todo caso yo era el único afectado, mi compañera de cama no parecía molestarse con nada, una vez dormida dormiría hasta el amanecer.
Desnuda totalmente, no la molesta ni el frio ni el calor, ni ningún ruido ni movimiento brusco; realmente la envidio.

Y el mismo sueño.

Rachel.

En ocasiones olvido su nombre, mientras la miro, mientras estoy con ella en el desayuno o en las clases, por unos cuantos segundos, olvido que  su nombre es Rachel.
Mi compañera de clases de alemán, mi compañera de cama y casa, mi compañera de sueños y desvelos, últimamente muy pocos de ellos.
Hermosa a la vista de cualquiera, alta, mas alta que yo, y al usar a diario zapatillas de tacón alto, esta característica se acentúa mas, delgada, cabello largo, demasiado diría yo, considerando el calor actual.
Aun no se como pasamos de ser compañeros de clase, a ser compañeros de cama, no soy del tipo de hombre que gusta de una relación, menos aun con alguien como Rachel.
Ernest.

Hace más de dos semanas que no se presenta al campus, tal vez por fin decidió abandonar la escuela y dedicarse por completo a su sueño, dedicar su tiempo entero a su música, a su banda, a sus sueños.

Tal vez vivirá de su trabajo en el bar y disfrutara tocando cada noche hasta la madrugada.

Como sea, tengo que pasar a visitarlo, averiguar la verdad y desearle suerte, iré por la mañana.

Joel

Yo.

Aburrido, tímido, demente.

Estudiante de literatura inglesa, preocupado seriamente por el día de mañana, pero más aun, perseguido por el día anterior.


Y el mismo sueño.

Ella.

Sofía………. 




-MARIUS VON CHESHIRE