Infierno.



Este calor de los mil demonios me hace pensar que el apocalipsis que tantos locos pregonan en las calles.
Es viernes por la noche y el calor me está llevando poco a poco a la locura, mi cabeza se llena con todo tipo de maquinaciones maníacas y psicóticas; pero yo sé cómo calmarla.

Una taza de café servirá, aun no decido si será una taza de café fría como el culo de satanás o tan caliente como sus bolas.

Creo que optare por su culo, nada mejor para este calor infernal que una taza de café repleta de hielos, tan fría como el amor de una prostituta, o los ojos muertos de un pescado destripado.

¿En que estaba?
O si, el jodido fin del mundo.

Creo que cuando realmente llegue, nadie lo notara, la mayoría espera ver llamas en el cielo, las estrellas cayéndose a pedazos, angelitos de la guarda reventando madres a todo el que se le cruce.
Ni tan pacíficos los cabrones.
Cuando el día del juicio llegue, ni lo sentiremos, cada uno estará en su pedo, algunos en su auto, otros en su hogar, algunos cagando otros pisteando, algunos cogiendo o pajeando.
No importa que tan despiertos anden.

Cuando el día les llegue, ni tiempo les dará de cagarse en los pantalones.

¿O tal vez si?


Lo que si sentirán será el calor del infierno, tan abrazador que los dejara sin pestañas, y el calor de hoy es solo una probadita; una probadita para recordarnos que el infierno está ahí, esperando nuestra llegada.

-marius von cheshire


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