Día de muertos-Cap. 16-ADIOS.


Día de muertos.

Cap. 16

Día ¿?


ADIOS.



Tomamos los caminos ocultos, a pesar de que la mayoría se encontraba obstruida por escombros, no nos atrevimos a tomar riesgos viajando por calles despejadas, donde fácilmente seriamos vistos u oídos por los infectados.

Para nuestra sorpresa, las calles estaban despejadas, el encontrar una gasolinera cercana no fue fácil, ninguno de nosotros conocía la ciudad, tuvimos que buscar señalamientos e incluso tratar de extraer gasolina de los carros destruidos.

Esa idea no fue muy exitosa.

Tardamos cerca de 40 minutos en encontrar una gasolinera, llevábamos dos recipientes para la gasolina, pero era necesario buscar más recipientes en el lugar, deberíamos llevar toda la gasolina posible.

Nos dividimos, no era de las mejores ideas, pero era preciso encontrar contenedores pronto, no me preocupaban mucho ellos, estábamos cerca, si sucedía algo podríamos auxiliarnos fácilmente.

Entre en la tienda de autoservicio de la gasolinera, Kimira fue a buscar en las casas cercanas y Andrés inspecciono los autos aparcados y camionetas.

El olor a muerte era insoportable, por todo el lugar se podía apreciar trozos de carne humana, sangre coagulada y huesos roídos.

Todo un espectáculo.

No pude encontrar ningún contenedor, todo lo que había era muerte y putrefacción.

Salí a esperar a los demás, Andrés no tardo en llegar, para nuestra suerte encontró 3 contenedores grandes, los cuales llenamos mientras Kimira volvía, si tardaba unos 10 minutos más iríamos a buscarla.
Andrés se colgó dos contenedores en la espalda y el pecho, esto lo limitaría un poco en cuanto al movimiento, pero nosotras nos encargaríamos de cubrirlo.

Escuchamos pasos, pisadas apresuradas, tal vez Kimira había visto infectados y era momento de irnos.

Llego corriendo, su aliento agitado y su cuerpo hecho un desastre, claramente estaba a punto de caer rendida.

Tal vez estaba a punto de morir de cansancio.

Una pequeña niña.

Tenía la cara sucia, llena de sangre y lodo, suciedad y heridas.

Su cara de terror no auguraba buenas noticias.

Era perseguida.

Y no solo era uno, eran decenas de infectados.
El primero llego justo después de ella, a su espalda, Andrés no lo pensó dos veces, disparo directo a la cabeza del infectado.

El disparo resonó por toda la ciudad, un sonido desgarrador, como campanas funerarias.

Kimira rápidamente llego a nuestro alcance, tome a la pequeña niña en mis brazos y echamos a correr, los infectados que venían tras la niña llegaron rápidamente a nuestra posición, no podíamos detenernos a exterminarlos.

Debíamos ser rápidos para sobrevivir.

Estábamos a casi una hora de distancia del camión.

No eran buenas noticias.

Ahora los infectados salían de todas partes, todos querían un poco de nosotros, antes de que no hubiera nada.

Ya no solo nos perseguían de detrás, salían de las calles de izquierda y derecha, de frente a nosotros, Kimira se hacía cargo de todos ellos.

La niña se sujetaba tan fuerte a mis hombros que casi me asfixiaba, pero esto me daba total libertad para golpear a los infectados con el bat.

Andrés ahorraba las balas, golpeaba con los puños a todos los infectados que se acercaran demasiado.

Pero el camino aun era largo.

No lograríamos salir con vida de aquí.

Nosotros ya estábamos sin aliento.

Andrés se quedo detrás.

Fue atrapado por 3 de esas creaturas, lo habían tirado al piso.
Si no hacia algo lo matarían.

Grite con todas mis fuerzas, le grite a Kimira, solté a la niña de mis brazos y me abalance a ayudar a Andrés.

Destroce el cráneo de uno de los infectados, golpee el torso del que se encontraba sobre Andrés, y de una patada derribe al tercero.

Andrés me miro a los ojos.

Tenía esa mirada.

Era demasiado tarde.

Desprendió uno de los contenedores de gasolina y me lo arrojo, sus últimas palabras fueron: adiós.

Destapo el contenedor y lo esparció por toda la calle.

No volvió a verme a los ojos.

Tomo su encendedor y un muro de fuego nos separo.

Mas infectados salieron de todas partes, me atacaron, los golpee con todas mis fuerzas, con todo mi coraje y odio.

Tal vez era momento de que todos muriéramos.

El dolor ya no era soportable.

Pero Kimira no lo permitiría.

Me tiraron al suelo, eran demasiados.

Pero eso no la detuvo, los extermino rápidamente, me puso de pie y me jalo, ella no me abandonaría ahí.

Logramos llegar al camión a salvo.

Kimira la niña y yo.

Ellas continuarían el viaje sin mí.

Kimira cuidaría bien de la niña y la niña cuidaría bien de Kimira.

El nombre de la niña era lluvia.

Ellas estarían bien.

Yo no.

Yo no diría unas últimas palabras.

Yo no diría adiós…….



-Casandra Pleasance Liddell


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